Por qué existe Amarillo

Soy Silvia, y llevo casi 20 años trabajando con imágenes. He contado historias desde el vídeo y la fotografía, en medios de comunicación y en proyectos documentales.

Siempre me ha interesado lo mismo: mirar, encontrar lo que importa y darle una forma que consiga que alguien quiera quedarse a verlo.

Pero Amarillo empezó en un lugar mucho más cercano.

Cuando nació mi hijo, mi teléfono empezó a llenarse de vídeos. Su cara, sus manos, sus primeros pasos, una risa, una canción, una tontería que hizo durante tres segundos y que, en ese momento, me pareció imposible olvidar.

REC.

Otra vez.

Y otra.

Y otra.

Hasta que un día me di cuenta de algo bastante absurdo: me dedicaba profesionalmente a hacer vídeos, pero no tenía tiempo para hacer el mío.

Tenía cientos de momentos que quería conservar y ninguna película que volver a ver.

Entonces empecé a preguntarme qué hacemos realmente con todos esos vídeos que grabamos. Los guardamos. Los acumulamos. Confiamos en que algún día volveremos a ellos.

Pero ese día casi nunca llega.

Tenemos los recuerdos. Pero no hacemos nada con ellos.

¿Cómo le voy a enseñar a mi hijo todos esos vídeos cuando sea mayor?

Y ahí entendí que quizá lo que faltaba era que alguien se sentara a ver todo ese material: alguien que seleccione lo que merece quedarse, lo ordene y construya una película a partir de nuestra propia vida.

Una especie de VHS moderno.

Así nació Amarillo. 

Amarillo, como el color con el que subrayamos las cosas importantes, lo que no queremos olvidar.

Hoy hago películas a partir de los vídeos que otras personas han ido grabando de sus vidas. Viajes, hijos, veranos, cumpleaños, bodas, años enteros o simplemente una etapa que no quieren que se pierda.

Cada película la hago yo. Sin algoritmos que decidan qué merece quedarse. Sin pedirte que hagas antes el trabajo difícil.

Después de casi 20 años editando video, sigo haciendo lo que más me gusta: sentarme a mirar, encontrar lo que importa y construir una historia con ello.